El mando argentino dispone la rendición en las Malvinas

La voz La malvina entre Argentina a Inglaterra

Este día, el general Mario Benjamín Menéndez, comandante de las tropas argentinas, se rinde ante la comandancia británica, cuando sus hombres estaban siendo desbordados en todos los frentes por la ofensiva enemiga.
Los sesenta y tres días que transcurrieron desde la recuperación de la soberanía de las islas Malvinas consumieron innumerables gestiones diplomáticas y mediaciones de buena voluntad que intentaron desmontar el conflicto bélico, sin lograr conmover a la cúpula militar que conducía el gobierno de facto.

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La contienda dejó un saldo de 625 argentinos muertos y 926 heridos de diversa consideración. Además, Argentina sufrió el hundimiento del crucero ‘General Belgrano’, la lancha patrullera ‘Alférez Sobral’ y el remolcador ‘Narwal’; la pérdida de 72 aviones de guerra y 23 helicópteros; y la avería del transporte ‘Isla de los Estados’ y el submarino ‘Santa Fe’.
En esos dos meses de confrontación, la dictadura encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri recurrió desesperadamente a la adquisición de armamentos, equipamiento y pertrechos en mercados paralelos, cuestión que implicó un excesivo costo adicional. Los montos de estas compras pasaron a engrosar la ya voluminosa deuda externa argentina, que, según estimaciones, se vio incrementada en alrededor de 10 mil millones de dólares debido a los recursos insumidos por el conflicto.
Durante el transcurso de la guerra, la población argentina efectuó innumerables demostraciones solidarias con las tropas desplegadas en la zona de conflicto.
También hubo diversas manifestaciones de fraternidad con nuestro país. Cabe destacar sobre todo la de Perú, por su ofrecimiento de aviones y pertrechos militares. También Ecuador anunció su disposición a apoyar materialmente. Al mismo tiempo se generaron grandes manifestaciones de solidaridad continental, como las 150 mil personas que se movilizaron por las calles de Lima y varias decenas de miles por las calles de Caracas, entre otras, y los miles de bolivianos que se inscribieron como soldados voluntarios para combatir en las islas.
A pesar esos apoyos, de la valentía demostrada por los soldados y la audacia de los pilotos argentinos, el descrédito internacional de los gobernantes militares, la improvisación y la dubitativa conducción de la cúpula castrense, el maltrato propinado a los soldados y los hechos de corrupción detectados produjeron un final previsible.

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