Las olas de calor, una creciente amenaza mortal.

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El Instituto de Datos y Evaluaciones de Salud de Estados Unidos (IHME), basado en Seattle, estimó que unas 300,000 muertes acontecidas en el 2019 podían atribuirse a consecuencias de las canículas, de las cuales un tercio en India.

Las olas de calor en el mundo serán probablemente cada vez más mortíferas al superar los límites de resistencia del organismo humano, según el borrador de un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

No se trata tanto del calor extremo en términos de temperaturas elevadas, cada vez más frecuentes, sino de su combinación con una humedad alta. Este fenómeno llamado “temperatura húmeda” se mide con un termómetro de bulbo húmedo y se expresa con el valor TW.

En concreto, sirve para determinar la humedad relativa ambiente y sus posibilidades de evaporación. Puesto que el cuerpo humano no puede perder calor si la TW exterior es superior a la suya, los científicos coinciden en que el ser humano no puede sobrevivir mucho tiempo por encima de 35º TW.

“Hay tanta humedad en el aire que la sudoración no permite rebajar la temperatura excesiva. Tras una media docena de horas, si no hay manera de refrescarse artificialmente, los órganos empezarán a fallar hasta producirse la muerte”, según Colin Raymond, investigador de la NASA.

Raymond es el autor principal de un estudio publicado en mayo del 2020 que identificó dos lugares en el Golfo donde ya se alcanzaron los 35 ºTW. Hasta entonces los científicos creían que esta temperatura no se daría hasta mediados de siglo.

300,000 muertos

Entre las regiones del mundo más expuestas, figuran el sur y el sureste de Asia, el Golfo, el golfo de México y algunas regiones del continente africano.

En el 2015, dos canículas de alrededor 30º TW dejaron más de 4,000 muertos en India y Pakistán. En cambio, la temperatura húmeda permaneció bajo ese techo durante la gran canícula que dejó más de 50,000 muertos en Europa en el 2003.

Según el estudio de Colin Raymond, la frecuencia de estos picos de calor húmeda se más que duplicó en el mundo desde 1979 y las temperaturas “superarán frecuentemente 35º TW” en varias partes del mundo si el calentamiento mundial alcanza +2.5º C.

El Acuerdo de París del 2015 fijó el objetivo de mantener el calentamiento por debajo de +2º C y a ser posible a +1.5º C, respecto a la era preindustrial. Pero las trayectorias actuales superan ampliamente estas metas.

El calor excesivo ya provocó estragos, según dos estudios recientes.

El Instituto de Datos y Evaluaciones de Salud de Estados Unidos (IHME), basado en Seattle, estimó que unas 300,000 muertes acontecidas en el 2019 podían atribuirse a consecuencias de las canículas, de las cuales un tercio en India.

Además, 37% de estas muertes, es decir, un poco más de 110,000, están relacionadas con el calentamiento, según investigadores de la London School of Hygiene and Tropical Medicine. Estos porcentajes pueden ser superiores, hasta 60%, en algunos países, como Brasil, Perú, Colombia, Filipinas, Kuwait y Guatemala.

Según informes citados por el IPCC, en un mundo a +1.5º C, 14% de la población estará expuesta a canículas severas al menos una vez cada cinco años, “en aumento significativo”.

A +2º C, “1,700 millones de personas adicionales estarán expuestas a temperaturas muy altas, 420 millones a temperaturas extremas y unos 65 millones a canículas excepcionales una vez cada lustro”.

Las poblaciones más afectadas serán los habitantes de las megalópolis tropicales de los países en desarrollo, especialmente en Asia y África.

Déficit de datos

“En estas regiones, la población urbana aumenta fuertemente a la vez que planea la amenaza de canículas mortales”, explica Steffen Lohrey, de la Universidad de Berlín, principal autor del estudio en el que se basan las cifras del IPCC.

El África subsahariana se halla especialmente expuesta, pero la ausencia de datos impide evaluar la envergadura del problema: la principal base de datos mundial sobre las catástrofes naturales, la Emergency Events Database (EM-DAT), solo registró dos episodios de canícula en los últimos 120 años.

“No se tiene conocimiento de las consecuencias de estas canículas, como si no hubiesen existido, pero sabemos que sí se dieron”, subraya Luke Harrington, de la Universidad de Oxford, que estudia este déficit de informaciones.

En comparación, la EM-DAT contabiliza 83 canículas que dejaron más de 140,000 muertos en el continente europeo en los últimos 40 años.

Otras regiones amenazadas son China central y el oeste de Asia, donde “las temperaturas extremas del termómetro húmedo se acercarán y seguramente superarán los límites fisiológicos humanos”, según el IPCC.

La adaptación a estos fenómenos refleja además disparidades económicas y sociales.

Con climas y niveles de riqueza comparables, Europa cuenta con un mayor número de víctimas que América del Norte. Y es que en esta última región “todo el mundo tiene aire acondicionado y los edificios modernos están bien aislados. Es una simple cuestión de infraestructuras”, analiza Jeff Stanaway, del IHME.

En cambio, en los países en desarrollo las poblaciones sufren plenamente las consecuencias de un nivel económico bajo.

Un estudio entre la población pobre de Hanói evidenció que la mortalidad durante las canículas era similar entre quienes poseían un aire acondicionado en casa y quienes no porque muchos no podían pagar la electricidad para su funcionamiento.

Fuente: gestion.pe

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